Monseñor Gerardi y Monseñor Romero,

Mártires y Testigos de la Verdad y Justicia

Dr. Jaime Sevilla

Monseñor Juan José Gerardi a sus 23 años de su asesinato.

“El perdón sana la Memoria, no la desaparece” ( Monseñor Gerardi)

“El pastor tiene que estar donde está el sufrimiento” (Mons. Romero, homilía del 30/10/1977)

Hoy 26 de abril celebramos el 23 aniversario martirial del Obispo Juan José Geradi de Guatemala.

Tanto a Monseñor Gerardi como Monseñor Oscar Romero, les tocó vivir tiempos muy difíciles en sus respectivas diócesis y países. Monseñor Gerardi fue nombrado obispo de la Diócesis del Quiche en septiembre de 1974, una diócesis que sufría el fuerte conflicto entre la guerrilla y el ejército. Sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos comprometidos con la verdad y la justicia, fueron perseguidos, intimidados y asesinados. Los líderes nativos de las directivas fueron masacrados en la diócesis del Quiché.

En 1980, cuando Monseñor Gerardi regresaba de participar del Sínodo de la Familia en la Ciudad del Vaticano, le negaron la entrada al País; entonces fue a El Salvador para pedir asilo político y se lo negaron; finalmente Costa Rica le otorgó el asilo político.

El 26 de abril de 1988, en la casa parroquial de San Sebastián, fue asesinado; justo dos días después de haber presentado su informe “NUNCA MAS” del proyecto interdiocesano REMHI (Recuperación de la Memoria Histórica).

Tanto Monseñor Gerardi como Monseñor Romero tienen muchas cosas en común, ambos luchaban por la justicia, los dos eran defensores de los más vulnerables, los pobres y marginados de la sociedad; eran testigos de la Verdad y pregoneros del Reino de Dios. Aunque sabían que sus vidas corrían peligro, nunca abandonaron a su pueblo sufriente, siempre estuvieron junto a el; y cuando algunos de sus miembros eran asesinados, martirizados; su voz se alzaba denunciando estas atrocidades y llevaban consuelo a los familiares de las victimas. Tanto Monseñor Romero como Gerardi eran criticados y perseguidos por los poderes gubernamentales, económicos, religiosos, entre otros. Pero su fe y entrega al Evangelio les motivó a perseverar en su lucha, esto los llevó también a compartir su mismo destino: El Martirio

Cuando Monseñor Gerardi nos dice : “El perdón sana la Memoria, no la desaparece”, nos entrega un mensaje profundo y actualizado, de grandes connotaciones teológicas. Sí, tenemos que perdonar, eso no sólo nos libera, sino que también nos sana; pero esto significa que todos esos hechos horribles se borren de nuestras memorias, siempre estarán ahí, recordándonos el precio que se ha tenido que pagar para poder estar donde nos encontramos hoy. No podemos borrar los hechos de nuestra memoria, lo cual es muy bueno, ya que es la forma en como mantenemos viva nuestra historia, con sus aciertos y desaciertos, triunfos y fracasos, con sus alegrías y tristezas. Todos estos hechos son partes importantes de nuestras vidas, de nuestra historia; por tanto, siempre hay que ver el pasado con agradecimiento, porque nos ha enseñado; el presente con alegría, porque nos permite escribir la historia; y el futuro con esperanza, porque se vale soñar con una mejor sociedad en donde brille la verdad, la paz y la justicia.

Todo lo anterior, va arraigado a la frase de Monseñor Romero: “El pastor tiene que estar donde está el sufrimiento”  (homilía del 30/10/1977). Ciertamente, la experiencia cotidiana de un Pueblo sufriente es uno de los medios mas efectivos de conversión, de cambio. Cuando el pastor vive el dolor, la injusticia, la marginación y la pobreza que sufre su gente; no puede seguir como un simple espectador, como una figura decorativa; o lo que es peor, un instrumento de complicidad de todo lo que sufre ese Pueblo debido a su silencio. La experiencia del sufrimiento transforma, nos fortalece, nos une mas a Jesucristo; por eso es un sufrimiento redentor, liberador, lleno de sed de justicia, verdad y paz.

Monseñor Gerardi y Monseñor Romero son los profetas, amigos, hermanos y pastores del ayer, del presente y del futuro de esta Iglesia peregrina; ya que con su testimonio de vida martirial, han unido su sangre a la del Cordero Inmaculado para la liberación y salvación de su Pueblo.

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